miércoles, 23 de noviembre de 2011

El día más feliz de tu vida

¿No les encanta esta frase? Y no sólo aplicada a la boda (que es, obvio, el día que debe ser el más feliz en la vida de toda mujer), sino al día del examen profesional, al nacimiento del primer hijo... vamos, a cualquier día "importante". Y ése es justo mi punto el día de hoy: nos enseñan que hay sólo un día importante, que lo que importa no es el proceso sino un determinado momento.

¿Por qué el día más importante de tu vida debe ser la boda y no el resto de tu vida (es decir, de tu vida de casada)? Y, como consecuencia, vierten toda su energía, dinero, ilusiones, emociones, etc., en un día específico, no en una vida, no en un plan de pareja/compañeros/almas gemelas. Así, toda tu vida, todo el sentido de tí misma, de quién eres y quién serás se vuelca en tu boda... un día, además, lleno de estrés, angustia, emociones encontradas, mil cosas.

¿Y luego? ¿De dónde sale la energía, esperanza, ganas, amor y demás para continuar el resto de tus días? Si nuestra vida es un conjunto de días, ¿no debería ser éste conjunto lo más importante? 

Yo, que tengo muy buena memoria, recuerdo muchos días de mi vida, no sólo importantes sino también algunos intrascendentes (¿será?), y a pesar de que amo las listas, sigo sin poder elegir cuál ha sido el día más importante de mi vida (y no es que no haya tenido días importantísimos, tanto buenos como malos). Puedo enunciar algunos de los mejores momentos con ciertas personas, individuales, de logros profesionales o escolares, los días más tristes de mi vida, pero no me gusta pensar que mi vida es eso: el día más importante y todos los demás. No puedo.

Me gusta pensar que la vida es importante en sí, y que cada uno de los días que vivimos es importante porque los vivimos y como consecuencia, estamos aquí, hoy. Con tantos días vividos, tantas emociones sentidas, tantas situaciones compartidas, tanto amor dado y recibido, tantos recuerdos tontos, divertidos, tristes, angustiantes, ¿por qué tendría que ser importante sólo uno?

martes, 8 de noviembre de 2011

Los sacrificios que uno hace

No sé por qué, de dónde salió, quién lo inventó o quién lo patentó, en realidad, no sé nada de su origen o causas, pero sí sé que es algo que sucede y no sólo eso, sino que nos educan a hacerlo: sacrificarnos por alguien más.

Y no lo digo en el sentido que uno entendería, es decir, hacer algo por alguien que queremos, pero algo que valga la pena, que sea importante, trascendente. No, lo digo en las acciones comunes, del día a día. Nos educan a sacrificar un montón de cosas por las personas que amamos, porque eso es el amor (y luego se preguntan por qué hay tantos psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras).

Aterricemos: 
  • Comer menos porque llegó alguien más a comer sin avisar, y no alcanza la comida, así que una (o quien cocine, pero yo aquí hablo de mí) le da a los demás la cantidad "normal" de comida, y te quedas con menos tú;
  • Esperar horas a tu pareja para comer, porque va a llegar tarde, porque algo pasó, o porque esa es la hora a la que llega y, aunque pasa ya la hora de comer, te esperas porque eso debes hacer;
  • Tienes poco dinero y necesitas comprarte algo (ropa, medicinas, etc.), pero decides no hacerlo para comprarle a quien amas algo que él también necesita o, simplemente, quiere;
  • Quedarte hasta las tantas despierta, esperando a que el otro llegue.
Por el momento sólo se me ocurren esas, y en realidad lo importante no es tanto cuántas situaciones de sacrificio existen, sino la razón de que existan. Entiendo que el amor es dar, compartir, querer que la persona amada esté bien y hacer todo lo posible por procurárselo PERO, siento que entre esto y la realidad hay un espacio, a veces bastante grande, en el que amar es simplemente un sacrificio constante, y eso me parece insano.  No entiendo cómo es que el amor es quitar y no construir, me parece un poco incongruente que queramos crecer con alguien y que el precio sea quitar y quitar y quitar. No veo cómo mi pareja se va a sentir más amada si cuando llega a la casa yo estoy muerta de hambre, con un humor del carajo, con ganas de matar a alguien y con dolor de cabeza, sólo por AMOR, porque debo estar así. ¿No se sentiría él más amado si cuando llega yo ya comí, y por ende estoy sonriente y amable, y tengo ganas de estar con él, escucharlo, hacerle cariñitos y servirle la comida? Creo yo, que pensado así, suena mucho más lógico primero satisfacer nuestras necesidades básicas para poder, a partir de una completud (no sé si esa palabra exista. Si no, significa que estamos completos), darle a él todo el amor que tenemos y sentimos y queremos darle, y no darle sólo las consecuencias negativas del sacrificio. Seamos honestos, ¿quién puede amar cuando eso implica estar mal? y ¿cómo esperamos que el otro nos siga amando cuando lo que le damos implica tanta molestia?


No me gusta, así no crecemos, nos estancamos, basamos nuestro amor y una relación (o todas) en una lista de sacrificios hechos que esperamos sean reconocidos y recompensados más pronto que tarde. Por eso, también, cuando las relaciones se terminan, sólo nos queda un gran vacío, sino una incomprensión de qué por qué salió mal cuando sacrificamos todo, porque construimos el amor a partir de lo que nos quitamos, no de lo que dimos. Como si el sacrificio fuera garantía de algo.

Antes yo funcionaba así, a partir de los sacrificios, pero de un tiempo acá me di cuenta de que era estúpido, y ahora primero satisfago mis necesidades y después le doy a él. Y sí, somos mucho más felices.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Cómo afecta.

No sé por qué, con una mala noticia (mi despido) que cambia, evidente e irremediablemente mi vida, mis ganas de escribir se esfuman. 

Y, es que, aunque suene ridículo, soy una mujer de costumbres, que ama el orden y la planeación (que no forzosamente la rutina), y dejar de trabajar le ha dado en la madre a las costumbres. Me enoja que en esto nunca nadie repara, que ir a trabajar es más que un trabajo o el dinero que recibimos por hacerlo, es rutina intestinal (porque eso también se ha visto afectado), es dormir bien, es tener amigos con los que platicas todos los días, tener una organización y control sobre tus alimentos (porque yo hacía de comer y comía balanceado de lunes a viernes), es estar separada de tu pareja y por lo mismo extrañarla y ansiar el momento en que llegas a casa a estar con él (o ella), es tener una razón para levantarte bien temprano todos los días y que rindan, es querer hacer más. Porque así me sucede a mí, mientras más actividades tengo, más ganas de hacer más me dan, pero mientras menos... puedo quedarme acostada en la cama días seguidos sintiendo frustración por lo que vivo.

Es terrible, porque la gente que se entera tampoco repara en ello, todo lo contrario, ven las ventajas de despertarse temprano, y sí, les parece terrible que no tengas un ingreso. Pero, ¿y lo demás?

Por eso, siento que no quiero escribir, me da tristeza checar los blogs que sigo, porque para el mundo la vida sigue y para mí, está detenida, en espera de algo... de entender, de sentir... no sé, de algo...

viernes, 21 de octubre de 2011

El GRAN ingeniero...

Casi no hablo/escribo de mi familia aquí, o tal vez sí y no estoy del todo consciente. El caso es que nunca he hablado, explícitamente, de mi abuelo* (y no quiero hacerlo de forma póstuma, como con mi abuela) y es justo y necesario.

Para empezar puedo contarles que mi hermano mayor y yo pasamos mucho tiempo con mis abuelos, mucho, mucho, mucho. Si estábamos enfermos, mi mamá nos subía al coche en la mañana y nos iba a dejar con la abuela (su ex suegra, no su madre), quien nos cuidaba. Si salían de viaje (mamá, papá o ambos) a quedarse con los abuelos (mi mamá a veces nos llevaba con unos amigos, pero eso no era tan seguido). Jugábamos en su casa, teníamos mil cosas ahí, mi abuela nos ayudaba a hacer las conferencias (porque no nos dejaban tarea, así que ella corregía las conferencias y el diario), nos acurrucaba y contaba cuentos para dormir (les he platicado de la historia de Benito Juárez, ¿no?), nos llevaban de vacaciones, a Reino Aventura, etc. etc. etc.

Por si alguien tiene dudas, mis abuelos son lo más maravilloso del mundo, lo máximo de lo máximo, no hay palabras que lo puedan expresar completamente, así que ustedes perdonen si mis palabras se quedan cortas...

Entonces, mi abuelo, EL Ingeniero (porque es ingeniero químico y la gente siempre le ha dicho Ingeniero, nadie le dice señor), acaba de cumplir 90 años, y dos de ser viudo. Pero, cuando era más joven, y yo también, era un hombre activo. Siempre ha caminado, o por lo menos así lo recuerdo yo, como pollo espinado, lento pero con unas zancadas enooormes (es alto, mide 1.87mts.), no muy rápido... no sé, a mí me daba la sensación de ser un hombre que no tenía prisa porque sabía que llegaría a su destino. Flaco, flaco, flaco, como si fuera a romperse; aunque una época (tendría yo 10 años) estuvo un poco panzón, supongo que botanear Churrumais y cacahuates antes de cenar le hizo justicia.

Tengo maravillosos recuerdos de mi abuelo en la alberca con nosotros, enseñándonos a nadar, jugando, cuidándonos. Cuando nos llevaban a Mi Ranchito (un hotel en Villa Juárez, a donde íbamos cada septiembre, para cobrar una renta) él jugaba dominó y cartas con nosotros (ji, recuerdo el año que perdimos una pieza del dominó, no estaba muy feliz que digamos), nos enseñó a jugar Cubilette (aunque sigo sin estar segura de cómo se juega), eso sí, si jugábamos Uno era mi abuela quien jugaba con nosotros. El caso es que estaba ahí, enseñándonos, dedicándonos tiempo, amor, cuidados, nunca mesuró nada. De hecho, hace poco me dijo que nos dio todo lo que pudo darnos y que si hubiese podido, nos habría dado más (¿cómo puede pensar que había más que dar cuando nos dio todo y más de lo esperado, obligado o deseado?), así nada más, ésa calidad humana.

Cuentan sus hijos que no fue un padre muy cariñoso, sino un poco distante físicamente, pero yo no recuerdo así a mi abuelo. Sí recuerdo que no era de abrazos y cosas así, pero no era frío, por lo menos no lo es con nosotros.

No estoy diciendo que fuera un santo o perfecto, porque no creo que alguien pueda serlo, pero estoy convencida de que llega un momento en la vida que uno debe escoger qué quiere recordar de los demás, y yo de mi abuelo esto es lo que quiero recordar. Si tiene errores no me importan, no los tuvo conmigo (con excepción de la vez que me gritó porque mi papá no fue a cuidarlos y no tuvo ni la amabilidad de avisar... que no era culpa mía y a mí me tocó el grito) y no es lo que yo quiero recordar de él.

Sí, sí, sí, cuando llegué a la adolescencia, fue un poco difícil convivir con él, porque él sí sabía y yo no porque estaba muy joven. Pero, vamos, que todos los adolescentes son difíciles en esa época, así que nada nuevo.

Hace 6 años, con 84 en su haber, enfermó y terminó en el hospital (los detalles no interesan ahora), 6 semanas después regresó a casa, con 24 kilos menos, y más viejo (yo digo que fue la consecuencia de jubilarse, porque vayan ustedes a saber qué debe hacer un hombre en su casa todo el día cuando trabajó 75 años). Por cuestiones de salud, a partir de ese momento necesitó atención constante, así que los hijos (suyos) se organizaron para estar con ellos, blablabla. Esta no fue una época sencilla para mí, él era muy demandante, y no sabía cómo lidiar con eso...

Finalmente, hace dos años murió su esposa, algo terrible y tristísimo para todos. Pensamos, en ocasiones, que mi abuelo podría morir pronto, de tristeza... pero no fue así. Y, algo mágico pasó, de repente me dí cuenta de que había pasado los últimos 3 años enojada con él, y que no quería que eso continuara, uno no sabe cuándo pasan las cosas y yo quería disfrutar todos y cada uno de los días que lo viera. No sé qué pasó en él, pero también cambió conmigo, se deja abrazar, apapachar, consentir, querer, como si se hubiera caído la coraza que traía y ahora fuera sólo él quien estaba ahí.

Estos últimos dos años han sido tan maravillosos como mis recuerdos de él, he disfrutado cada minuto en su compañía, le he dado y he recibido amor, atención, tantas cosas. Tal vez ya no se meta a la alberca con nosotros, ni nos lleve a Reino Aventura ni juegue dominó, pero sigue siendo un placer estar con él, y puedo decir que me siento afortunada de que él, EL Ingeniero, sea mi abuelo.

*No sé si a alguien le interese, pero mis abuelos, de los que siempre hablo, son los paternos.

jueves, 20 de octubre de 2011

El anillo de compromiso


Este sin duda no hace daño

¡Pero qué bonito es cuando un hombre junta todo el valor que tiene, la determinación, 3 veces su sueldo mensual, su dignidad y mil cosas más, y le propone matrimonio a su amada! Es tan, pero tan bonito, que todas las mujeres fantaseamos con ese día, inclusive las que no lo tendremos, o no queremos tenerlo (con sus debidas excepciones, que no pienso generalizar).

Yo, todos lo sabemos, no me quiero casar y no me causa conflicto ni frustración ni amargura ni nada parecido. Me parece que el documento no es necesario (por el momento, y sólo por cuestiones legales y de practicidad económica) y la fiesta ni siquiera se me antoja (soy de la idea de que cuando haces una fiesta para festejar tu boda, invitas a la gente a que participe en ella, pero no se queda ahí, sino que literalmente les abres la puerta para que se metan en tu matrimonio y vida, y eso sí que no lo voy a hacer ni permitir).. P E R O, el anillo de compromiso, es otro boleto.

 
No estoy segura de qué lo motiva, si es simplemente porque es un anillo bien chingón (y a mí me encantan los anillos) o si es porque implica traer un DIAMANTE en el dedo, que me parece maravilloso. El caso es que, sea como sea, los anillos de compromiso son lo mío y, para variar, tengo mis ideas sobre ellos:

  • Todos debemos saber, en caso de que no sepamos, que el anillo de compromiso debe valer por lo menos 2 meses de tu sueldo (o su equivalente, pues). Sí, es una exageración, pero también sí, es para toda la vida, así que bien lo debe de valer. Además, si le estás diciendo que ése momento es el más importante, el que trazará el destino que les depara, debes hacerlo con una rocota.
  • El anillo es para presumirlo, para mostrarle a todo el mundo que tienes un "hombre" que te ama y que se va a casar contigo.
  • No debes quitártelo. Salvo que de verdad traigas los millones en el dedo (en cuyo caso debes dejarlo en casa si saldrás a un lugar no muy seguro), el anillo de compromiso (y el de matrimonio, para el caso) son para USARLOS, no para tenerlos en una cajita en un cajón. Si te lo dieron es para que lo uses, guardarlo es bien pendejo.
  • La mayor parte de las mujeres NO SABEN de diamantes, no saben distinguir entre un Swarovsky, un vidriante (como decía mi abuela) o un diamante de sangre. Simplemente no sabemos: nadie nos ha enseñado aún. Así que aplica la misma regla que con los hombres: el tamaño importa.
  • Honestamente, si te ves codo con el anillo, una sólo interpreta que serás codo en el matrimonio. Sé objetivo, si vas a darle un anillo porque la amas, mejor cómprale un buen Swarovsky, que un mal diamante. Ella se sentirá mejor.
  • TODAS las mujeres mienten, les guste o no el anillo, te dirán que lo aman. Así que ¡Cuidado! si quieres que en verdad le guste, pon mucha atención en lo que usa y/o pídele ayuda a su mejor amiga. Nada peor que traer una cosa horrible en el dedo el resto de tu vida.
Porque sí, todos queremos un anillo bien grandote, no una chingadera que parece salida de una máquina de chicles, sin importar lo que digamos a la hora de la hora (o antes, o después)...
Piensen en:

Sencillito, ja... un sueño hecho realidad


Así, justo así

No escojan:
Algo así podría ser decente, pero ¡vamos!


¡Mil pesos a quien alcance a ver el diamante!

Exacto, no hay manera de saber si es diamante o tezontle

martes, 18 de octubre de 2011

Gracias por regresarla al destinatario

Pues sí, mi amargura/tristeza/frustración regresó, y creo que para quedarse. Y no, no tengo conflictos existenciales (que es lo más común cuando me estoy así), es más bien la frustración de que lo que hay no me gusta y que no puedo cambiarlo (o, que el precio de cambiarlo me resulta incosteable). A veces me gustaría que la vida fuera sólo el conjunto de consecuencias de nuestros actos, pero no es así (¿o sí?), más bien respondemos ante ciertas situaciones (algunas provocadas por uno mismo, otras no) y ya, no queda más que eso: sólo aguantar y fantasear con que algún día será diferente, aunque sepamos, la mayor parte del tiempo, que no será así...

sábado, 15 de octubre de 2011

Lo vegetariano me quita lo animal, o qué leer a la hora de comer

Sí sí sí, los voy a cansar con lo mismo todos los días, pero es que pasa justo lo que yo siempre he temido: que pasen mil cosas intrascendentales pero importantes para mí, y que no pueda guardarlas...
Y el jueves fueron unas frases maravillosas, tan maravillosas que si no las cuento se perderán para siempre.
E*, D* y yo comimos juntos. Hoy, a diferencia de otros días, todo estaba muy divertido y agradable (si quitamos un poco las lecciones de vida de la Dra. en relaciones de pareja y vida de éxito E*), cuando de pronto:
D*- Sí, ya me tocaba comer carne, llevo toda la semana comiendo puras verduras y ya me hacía falta. Es más, para que vean cuánta confianza les tengo, les puedo decir que no me gusta no comer carne, me quita mi lado animal, estos días me sentí como si no fuera yo, me faltaba algo...
S i l e n c i o rapidísimo/porque/inmediatamente/después/soltamos/la/carcajada.
Después E* puso el Publímetro en la mesa, y lo leímos muy interesados:
Según las manesillas del reloj, son las preguntas 1,2 y 3, respectivamente.
Ante la pregunta 1, la cara de E* fue de susto, la de D* fue de póker...
Sobre las pregutnas 2 y 3, prefirieron no hacer comentarios, pero sin duda a mí me pareció que en la pregunta 3, está mal: los hombres en un mayor porcentaje son amables sólo para obtener sexo.

Siguiente página del periódico, un test para conocer tu inteligencia sexual (¿?):
Pregunta 11. ¿Generalmente está el clítoris en el mismo lugar o depende de la mujer?
A Está siempre en el mismo lugar: por encima de la apertura de la uretra y la vagina.
B Está siempre en el mismo lugar: perpendicular a los labios mayores.
C Es diferente en cada mujer.
D ¿Qué es el clítoris?
Respuestas:
D*- Está en el mismo lugar siempre, ¿no? [y se le veía la duda en la mirada]
Yo- ¡Pues claro que está en el mismo lugar, así como los ojos!
E*- (Silencio absoluto).
 
Pregunta 6. ¿Qué tienen en común una de cada 10 mujeres?
A Nunca tendrán un orgasmo.
B Tienen pechos desiguales.
C Tienen múltiples orgasmos cada vez.
D Admiten que fuman mientras tienen sexo.
Respuestas:
Yo y D* al unísomo- ¡Nunca tendrán un orgasmo!
E*- Tienen pechos desiguales.
Yo- No, esos los tenemos todas (mirada de "¿mande?" de E*).
D*- Yo creo que esto es por culpa de los hombres, en todas las ocasiones, menos las evidentes: por enfermedad.
Yo- Claro que no, es responsabilidad de la mujer (D* me mira sin comprender). Mira, se supone que el sexo es una cuestión de placer, y el placer es algo que sólo puedes sentir si sabes cómo o dónde, es decir: si conoces tu cuerpo. ¿Cómo puedes pretender que el otro conozca qué te gusta si ni siquiera tú lo sabes? Pobre hombre, si no, andaría dando tumbos por la vida, tratando de adivinar de qué va, y no, se supone que la mujer le debe de dar las instrucciones porque sabe de qué va el asunto.
(Silencio sepulcral de E*)

Pregunta 8. El video más visto de todos los tiempos en YouPorn, con más de 48 millones de vistas es…
A Great body, great sex, great.
B Paris Hilton movie.
C Fantasy girl cums to life.
Respuesta:
D*- (Incluso antes de terminar de leer las opciones) Great body, great sex, great.
(Cara de póker de las dos).

Y ya no contaré el resto de la historia, porque después de ver esto en el Publímetro, no hay palabras que decir...



jueves, 13 de octubre de 2011

Perversiones

Si creyera en Dios, le agradecería que dos o tres días a la semana me dé un regalo tan especial como la compañía de ciertas personas (de dudosa calidad moral y humana) a la hora de comer. Claro, si Dios existiera, es evidente que este regalo sería sólo un castigo... ¡espera!... en realidad sí es un castigo, y ahora les diré por qué.

Tres de la tarde, un miércoles normal, un poco nublado, el clima ni muy frío y caluroso, yo concentrada en mi comida (y en comerla, principalmente) cuando llegan A* y E*, dejan sus cosas y van a calentar la comida. A los pocos minutos llegan MA y P* y se sientan frente a mí. En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos los cuatro ahí, A* sin hablar (porque le cae mal P* y le parece súper maduro hacerle la ley del hielo. Aunque, yo tampoco le caigo bien... capaz que por ninguno de los dos hablaba) y los demás sí que hablábamos. Después de un rato, la conversación se tornó en algo extraño:

E*- No, no es que yo los discrimine, pero la verdad es que no está bien. Recuerdo cuando tenía 14 años y de repente vi a dos viejas comiéndose a besos: horrible. Me dio mucho asco. Es que ahora hay muchos homosexuales.
P*- Que no, siempre ha habido la misma cantidad, es sólo que ahora no se esconden.
E*- Pero es que es una exageración, igual que el día que fui al Vips a la Zona Rosa y un gay estaba comiéndose y desnudando con los ojos a R* [su prometido].
Yo- Bueno, pero es que estabas en la Zona Rosa/
E*- Nada que ver, antes no estaba como ahora. Yo todavía recuerdo cuando era decente.
Yo- La Zona Rosa ha sido "indecente" desde hace 30 años...
E*- Claro que no. Yo estudié por ahí y salía a los bares de ahí y no es como ahora.
P*- Pero antes era sólo en la noche, ahora también en el día.
E*- Además, está mal, esas cosas no están bien. Cada quien puede hacer con su cola lo que quiera, pero no tienen por qué meterse/
Yo- con tu cola/
E*- ¡Exacto! Al final iba yo a terminar golpeando a un hombre para que le quitara los ojos a mi novio.
MA- Bueno, pero cada quien sus cosas...
Segundos incómodos, yo reía por dentro al ver la cantidad de pendejadas y prejuicios que pueden salir de la boca de E* y ella no sólo no se da cuenta, sino que se cree la reyna de la moral, sabiduría y deber ser.
P*- Un día entré al baño de Central, Central y me encontré a un viejito como de 85 años entradísimo con una muchacha, seguro una puta, de 20 años.
MA y Yo- Ja ja ja ja ja.
E*- ¡Qué horror! ¿Y qué hiciste?
P*- Dice "perdón" y cerré la puerta. La verdad es que yo no me lo esperaba.
Así siguió la conversación, cuando de pronto:
E*- No, pero esas ya son perversiones [besarse con dos personas o ser exhibicionista, aunque no lo dijera tal cual], yo no entiendo por qué la gente tiene que hacerlo así, para que lo cachen, es que eso ya es una enfermedad, esas fantasías están mal, es súper enfermo, vamos, son perversiones.
Yo- Pero si son fantasías, no tienen nada de malo, en la mente todo está permitido y todo es sano. Yo no veo cuál sea el problema de fantasear.
E*- Es que no está bien porque las llevan a cabo, y eso es perverso y enfermo.
Yo- Si son fantasías, quiere decir que no las realizas, que están en tu cabeza, que son: FANTASÍAS.
E*- Por eso, esas fantasías de que te vean, o hacer cosas así, son perversiones y están mal, es gente enferma. O por lo menos eso dice Frod. [es decir, Freud, que se pronuncia como fro-id]
P*- A Quentin Tarantino le gustan los pies, tiene un fetiche con ellos, y no veo cuál sea el problema.
E*- ¡¿Cómo que no?! Si nada más hay que ver las películas que hace, es un enfermo.
Yo- Pero hay diferentes tipos de fetiches, y un fetiche NO es una fantasía, son cosas diferentes.
E*- No, son perversiones y están mal. Es que, ¿por qué el viejito y puta estaban ahí, excitados porque alguien los iba a cachar?
P*- Pues no sé, no les pregunté... [Como por qué habría de haberles preguntado: "Disculpe caballero, sé que está muy excitado por tocar los bellos pechos de la señorita, pero me atrevo a interrumpirlo porque deseo saber qué lo motiva a realizar dicho acto en un lugar público, con el riesgo de ser descubierto" No mames]
E*- Tampoco entiendo por qué una mujer tan joven estaría con un hombre tan mayor.
P*- Pues es que el señor le pagó por que estuviera...
Yo- P*, igual y es una situación que sólo entenderás cuando llegues a los 85, y entonces se te antoje meterle mano a una muchacha de 20.
P*- JA JA JA, yo creo que sí.
E*- Es como a la gente que le excita que la cachen, no lo entiendo.
Yo- Pues es que esos asuntos no son románticos...
E*- Exacto, y ese es el problema, por eso están mal, porque eso (aquí debemos entender que eso significa el sexo) debe ser romántico. Por eso insisto en que esas fantasías son perversiones y están mal. Además me molesta que yo tenga que verlas.
[Claro, todos nos preguntamos por qué ella las ve... porque tampoco es como que te pongan de esas cosas tipo Naranja Mecánica para que no cierres los ojos].

Ya no recuerdo de qué más hablamos, yo me quedé pasmada con el pensamiento lógico-matemático de E*. Para todos aquellos que no pudieron entenderlo, ahí les va:
La homosexualidad es una perversión.
Las perversiones están mal.
Las fantasías son actos perversos.
Los actos perversos son de enfermos.
Los fetiches son perversiones, ergo son fantasías, ergo son actos de enfermos.
Ser exhibicionista es una fantasía.

Y, mi favorita: el sexo es un acto romántico.

De verdad que pienso que más bien todo el problema es que E* es virgen y no ha hecho otra cosa más que ver películas románticas de Hollywood, por eso tiene una idea errónea de la vida. Aunque esto ni remotamente la frene o le cierre la boca.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Ellas también lo tienen grandote (Versión acertada)

El 1° de octubre escribí este post, pero por alguna extraña razón (que aparece todas y cada una de las veces que escribo), me desvié del tema del que quería hablar. Antes era muy exigente con eso, no lo permitía, pero después me pareció que si me desviaba era por alguna razón (inconsciente) y que yo no era nadie para ir contra eso, así que lo dejaba fluir. El único problema es que este post en particular, me gustaría que no se quedara desviado, porque es algo de lo que quiero escribir exhaustivamente (o, por lo menos, intentarlo).
Entonces, retomo el hilo del post:

Y sí, estoy apelando JUSTO a eso que están pensando: al falo. Claro, no quiere decir que ellas realmente tengan uno, sino más bien a la extensión o proyección más famosa del mismo entre los hombres: EL AUTOMÓVIL. Todos sabemos que los hombres proyectan el tamaño (por falta o representación objetiva) de su falín en el automóvil que compran, y que éste se convierte en una extensión de ellos mismos, razón por la cual lo cuidan, le hablan como si fuera un ser sintiente y pensante y, sobre todo, no pueden salir sin él*.

Hasta aquí ninguna novedad. La novedad es justo el título de este blog: la relación fálica entre las mujeres y sus automóviles. ¿Se han fijado que las viejas NO saben ir a algún lugar si no es con coche (nos referiremos sólo a las mujeres que ya tienen coche, las otras, por obvias razones, aquí no existen)? Hayan o no utilizado el transporte público, son incapaces, una vez que son "dueñas" del volante, de soltarlo. Conozco a algunas que inclusive a la tienda van con coche, a DONDE SEA. Y no, no es que no sepan caminar o no tengan patitas, es que para ellas caminar o andar en transporte público es cosa de nacos, pobres, y pendejos. ¿Para qué caminar cuando puedes andar en coche? No es chick, ni nice ni fancy ni nada parecido usar las patas [para algo más que ponerles unos tacones, o levantarlas hacia el cielo, con o sin tacones (ji ji ji)], así que ellas viven en el coche.

Una de las maravillosas consecuencias de esta relación amorosa/fálica con el coche es la capacidad que tienen de hacer cualquier cosa en él (el coche, que no el falo): maquillarse, cambiarse, hablar por teléfono, twittear, mandar mensajitos (todas mientras manejan), comer, cantar, bailar y pensar en mil madres [En esto, lo confieso, yo soy una de ellas, soy capaz de hacer muchísimas cosas, de forma simultánea, tanto dentro como fuera del coche]. Y, si fueran capaces de hacerlas todas bien, no habría problema, pero no es así: andan por la vida aventando lámina, casi atropellando a cualquier cantidad de peatones, vamos, violentando a cuanta persona las rodea. Ése es el problema, bueno, eso y que no tienen idea de la relación que hay creado entre el coche/falo y ellas.

Justo ayer platicaba con mi concubinario A*** sobre las mujeres que dicen ser bien independientes y con unos huevotes de miedo, pero no hacen nada solas, o no son capaces de salir sin coche a ningún lugar. De repente te comentan que estuvieron en no sé dónde, y cuando preguntas si entraron al cine (o algo parecido) contestan, infartadas: ¡No, qué feo entrar al cine sola! Como si el cine fuera un lugar en el que la compañía es indispensable (porque, ya saben, uno ahí habla, platica, ve a la otra persona, baila, etc.). Bueno, pues pasa lo mismo con el coche, ni de chiste salen sin él, ni por asomo son capaces de subirse a un transporte público (bueno, sólo a los taxis ejecutivos y de sitio) o de caminar, si la distancia es relativamente corta.

Y no, nada tiene que ver, realmente, la inseguridad en la Ciudad. No quiero decir que no sea un factor importante y digno de considerar, sólo digo que no es, de facto, la razón por la que no salen; tan es así que son capaces de meterse, con el coche (por supuesto) a zonas de muy dudosa seguridad, donde sí hay un riesgo latente y objetivo. No, la razón por la que no salen sin el coche es porque las han educado a ser así: dependientes del falo y del coche.

Digo dependientes del falo porque, aceptémoslo, muy liberales, contemporáneas y demás, pero las mujeres de ahora fuimos educadas igual que las de antes: a depender de un hombre. No importa lo que hagamos, lo exitosas que podamos ser, todavía escuchas a TODAS (o, al 99.9% de ellas) las mujeres diciendo que ellas quieren casarse, que creen que si no tienen hijos no se realizan como mujeres, que la vida de soltera y solitaria es horrible. Quienes tienen novio/marido/concubinario, miran a sus amigas solteras con desprecio y lástima, porque les falta una parte importantísima: un falo hombre.

Curiosamente, muchas de estas mujeres terminarán con hombres que no las hagan felices (es decir, con hombres que no son los adecuados para ellas, y en quienes depositen todas las expectativas de su felicidad, que nunca podrán ser satisfechas y ellas solas serán, por su culpa, infelices), divorciadas, casadas pero padeciéndolo, volcadas en sus hijos para no pensar lo inexistente que es su relación, o solteras pero muy amargadas. 

Es que, sin un hombre no valemos la pena, no estamos completas (que no sin un compañero, alguien que te acompañe, ame, con quien crezcas, que crezca contigo, etc.) y, para sumarle más a la ironía, como nuestros padres tampoco quieren que nos casemos a los 15 o muy jóvenes, nos enseñan que es indispensable tener un coche. Así, por lo menos, tendremos un gran falo que nos acompañe en nuestra eterna búsqueda de un hombre...

*Aquí hago gala del enorme conocimiento científico del que gozo. Estoy emitiendo un juicio absoluto a partir de los prejuicios ampliamente conocidos entre la sociedad, nada más.

martes, 11 de octubre de 2011

Ni cuando eres niño se tolera

Espero que estén de acuerdo conmigo en que hay ciertas actitudes que, cuando son realizadas por un niño, la sociedad las tolera e inclusive aplaude (como un eructo, la mamá se emociona si lo hace de bebé, pero ya después no le gusta ni tantito), pero cuando las realiza un adulto son consideradas de mal gusto, delitos o razones suficientes para ser execrado de un grupo. Desgraciadamente, algunas de ellas parecen pasar desapercibidas o son toleradas por razones que no puedo entender.

Mi "favorita" (que en este caso quiere decir la que más gorda me cae) es la famosísima frase: está apartado. ¡No me chinguen, por favor! Pasa en todos lados, en el cine, en la cola del banco, en la cola del súper, o en el comedor de la empresa (que es de lo que yo hablaré). Aquí, donde trabajo, hay varios comedores (3, para ser exactos) y obviamente, muchos más trabajadores que los que podrían caber ahí, así que si uno quiere comer en ellos, debes bajar muy temprano o muy tarde. Yo, por cuestiones de lombriz, bajo temprano, casi siempre 10 minutos antes de que sea la hora de comer y "aparto" mi lugar. Calma, calma, que no voy a darme a mí con los demás. Entonces, dejo mis cosas en la mesa de la terraza y entro a calentar mi comida, regreso a la mesa con la comida caliente y la disfruto, mientras espero que lleguen mis acompañantes (ya les conté que como con los bellísimos abogados de la empresa, pero si no, aquí algunas historias I, II, III y IV). Como no es una cita ni algo formal comer en la oficina, ellos a veces llegan y a veces no, eso sí, siempre se les hace un campito (hasta ahorita me dí cuenta de lo fea que es esa expresión) si se aparecen. PERO, como no siempre llegan, es difícil preveer cuántos seremos. Y esto en principio no debería ser importante, pero lo es cuando hay tan poco espacio y tantas personas que quieren usarlo. Así las cosas, si a mí alguien me pregunta si puede sentarse conmigo en la mesa, le digo que sí, sólo que nosotras somos 2 (porque quien no falla es E*, o casi nunca) y que si cabemos todos, no hay ningún problema. Ha habido algunas ocasiones en las que yo no he podido bajar temprano a comer, por lo que he tenido de compartir la mesa con alguien más, que sí llegó temprano. Evidentemente, pregunto si puedo sentarme, pero la verdad es que la respuesta me es indiferente, porque de cualquier forma me voy a sentar, pues no es como que los lugares estén designados o paguen por ellos, ni nada así.

Entonces, el punto al que trato de llegar, pero nada más no llego, es que me choca la gente que te dice "está apartado", como si eso significara algo. Sí, estoy de acuerdo en que primero en tiempo, primero en derecho, pero esto no puede ser interpretado como primero que llega puede apartar mil lugares y los demás se chingan. Si es primero en tiempo, a huevo debes estar ahí antes que el otro, nada de pendejadas como apartar... ¿por qué será que la gente no lo entiende así? ¿que creen que pueden apartar los lugares sólo porque llegaron antes? Me choca. Y, si lo pensamos con detenimiento, es una actitud que de niño no es tolerada, todo lo contrario (el que se fue a la villa perdió su silla). ¿Por qué será que los adultos creen que pueden aplicarlo y está bien, no pasa nada? Total, si todo el mundo lo hace, ¿por qué yo no? 

lunes, 10 de octubre de 2011

¡¿Pero qué pasa con los abogados?!

Lo mejor de todo es que, cuando decidí estudiar derecho, no tenía ni idea de lo que venía, porque no conocía abogados, ni nada de eso; así que entré ahí ciega e ignorante, y ahora no me queda más que avergonzarme, qué caray.

Como todos sabemos, gusto (¿será?) de comer con los abogados de la empresa (¿alguien sabe por qué todos los abogados aquí son tan jóvenes?) y deleitarme de sus muchos prejuicios y estupidez invaluable (porque de verdad, nunca nadie la ha valuado). Una de las últimas (porque la última es demasiado escabrosa para que ocupe un post completo*) fue la teoría de D* de que hay más homosexuales ahora (incitado por el comentario de E* de que cada vez hay más homosexuales, en contravención de lo que P* y yo opinamos: no es que haya más, es sólo que ahora no ven la necesidad de esconder sus preferencias) porque hay más gente, y que esto lo sustenta en lo que descubrieron los científicos (¿no aman que la gente apele a la ciencia para hacer que sus enunciados pendejos tengan un poco de valor?) sobre las moscas de la fruta: cuando son muchas, tienen relaciones sexuales entre ellas como control de natalidad. Y que esto es justo lo que pasa con los humanos, que somos tantos que la humanidad o la naturaleza tuvieron que crear más homosexuales para controlar la reproducción.


Pero me parto de la risa, ¿no sería más fácil, si ése fuera el caso, dejar de tener relaciones sexuales (en las moscas, obvio)? No veo el puente entre uno y otro enunciado: habemos muchos, ergo, voy a cogerme a puras personas de mi sexo, para que seamos menos.

Y luego se atreven a preguntarse por qué la sociedad los odia, desprecia y hace tantos (y tan buenos) chistes sobre ellos. Es el colmo que los seres encargados de velar y luchar por nuestros intereses sean tan discriminadores, cerrados, incapaces de dialogar (y por ende de escuchar) y prejuiciosos. Es una lástima. Sobre todo, cuando a mí pueden considerarme parte del clan.

Por si alguien tiene curiosidad, encontré estas páginas en internet donde hablan de la homosexualidad en las moscas (por aquello de que no queremos quedarnos con la duda y ser bien ignorantes):
[Por favor, distingan aquellos textos científicos de los pseudocientíficos]



* A E*** los negros no le gustan porque le parece que son "malos y violentos, que le dan miedo", pero no, no es que los discrimine, es que piensa que son malos (es decir, que no sólo es una racista sino que además es bien pendeja porque no reconoce que eso que siente es racismo). No puedo expresar con palabras lo mucho que me escandaliza e incomoda la discriminación, sobre todo cuando no se es consciente de ella.

sábado, 8 de octubre de 2011

Cosas que (me) pasan

Me encanta este blog, me divierto muchísimo leyéndolo, sobre todo porque así como escribe cosas serias, escribe frivolidades y, otras veces, sólo y nada más que la verdad.
Les comparto dos post´s que escribió, que parecen haberme leído el pensamiento.
Consejos Inútiles
Consejos Inútiles II

¡Disfruten!

viernes, 7 de octubre de 2011

Amiga de hombres casados

Como ya hemos escrito, y ampliamente, las mujeres modernas/actuales, no son lo que dicen ser y, lo que es peor, los hombres tampoco lo son.

Hoy en la mañana me pasó algo bien curioso, pero para explicarlo, primero debemos platicar de los antecedentes:
Por azares del destino, suelo comer con las abogadas contenciosas de la empresa (eso ya lo he contado) y algunas ocasiones, el otro abogado contencioso va a comer con nosotras. Además de éstos abogados, hay 3 abogados corporativos. El jefe de ellos P*** y yo nos llevamos muy bien (trabajamos juntos en muchas cosas y, además, verdad sea dicha, me cae rebién), y P*** y el abogado contencioso (desde aquí MA) son compadres.
Así pues, a veces los dos comen con nosotras: P*** y MA. Y, últimamente, también otro de los abogados D***. Todo hasta ahí súper bien. Yo me llevo bien con ellos, y ellos conmigo. No sé por qué extraña razón, pero me parece mucho más sencillo convivir con hombres que con mujeres...

El abogado restante J*** es un muchacho con semblante de Benito Juárez, con gran corazón e ideales, amable, servicial, es muy lindo (eso digo yo, aunque el concenso es que es insoportable).

Después del resumen informativo, puedo comenzar con la historia:

Hoy por la mañana, estaba yo plátique y plátique con P*** de puras tonterías, cuando llegó J***
J- Hola hermosa, ¿cómo estás? [Sí, siempre me dice hermosa]
Yo- Bien, y ¿tú?
J- Bien gracias. blablablablabla
Yo- ¿Y qué tal es tu jefe, buena onda?
J- Sí, es un tipazo, y además ama muchísimo a su esposa. Lo puedo asegurar.
Yo- [Con cara de poker] ¿Cómo lo comprobaste? ¿Le pusiste unas muchachas enfrente y no cayó en la tentación? ¿O cómo se aseguran esas cosas?
J- No, claro que no, es sólo que conmigo habla mucho de ella
Yo- [todavía con cara de poker] Aaahhhh. No, pues cuando comemos no habla de su esposa/
P- Es que la conversación va por otro lado, siempre terminamos diciendo guarradas.
J- Tal vez, como él y yo estamos casados, nuestra conversación tiende más a esos asuntos.
Yo- [Nomechinguesconquenosotrosqueestamoscasados, ¿qué clase de comentario es ese?] Bueno, y para fines prácticos y legales, abogado, ¿yo qué soy? ¿por qué no habría de hablarlo conmigo? [Que todos sabemos que vivo arrejuntada, es decir, en concubinato, unión libre...]

¿Qué fue eso? Al principio me pareció un comentario de alguien que quiere defender a su jefe, pero después lo analicé y me di cuenta de que más bien había defendido el matrimonio de P*** ante mí, recordándome el amor que él le tiene a su esposa por sobre todas las cosas; es decir: marcando territorio prohibido para mí. ¿No está de la chingada? Es decir, como yo lo veo es que no puedo simplemente ser amiga de un hombre casado porque seguro me le quiero trepar, o porque puedo tentarlo y él terminaría en una infidelidad y eso está simplemente de la chingada. Porque, me surgen varias dudas/comentarios:
1. ¿J*** cómo sabe qué quiere P*** de su vida amorosa/sexual?
2. ¿Si fuera así (es decir, P*** ama muchísimo a su esposa), no sería P*** quien lo diría?
3. SI P*** no lo dice, ¿podría ser porque no hay peligro ni ve la necesidad?
4. ¿Qué le hace pensar a J*** que yo soy una pinche trepadora? ¿por qué lo primero que surge es eso y no mi respeto hacia los demás?
Y, al final de los finales:
5. ¿Cómo chingados sabe J*** si P*** y yo no tenemos algo (que no tenemos, pero el punto es cómo lo sabe él)? Porque si fuera así, J*** no tiene ningún derecho de meterse. La vida de P*** (así como su herramienta) es suya, y él debe decidir sobre ella.

Qué molesto que uno no pueda simplemente ser amiga de un hombre casado. Porque si no es la pinche esposa la que desconfía, son los amigos o los compañeros de trabajo... como si una siempre estuviera urgida y fuera una puta...

jueves, 6 de octubre de 2011

Algo diferente

Sí, ahora podría afirmar que sí soy diferente; pero no, lo soy porque sea más que los demás, sino porque soy diferente de mí misma, de lo que ellos querían que yo fuera. Nadie lo dice abiertamente, pero la verdad es que lo que hacemos de nuestras vidas está asquerosamente limitado por lo que los otros esperan que hagamos/seamos/pensemos/demos, somo eso: la satisfacción de un deseo ajeno. Mi hermano se lo dijo un día a mi padre:
Ustedes dicen que podemos hacer lo que queramos, que no hay presión. Pero no es cierto, hay muchísima presión cuando toda tu familia tiene un título universitario, cuando tu padre tiene un doctorado, cuando todos son bastante existosos. Eso no nos permite a nosotros ser lo que queramos, tenemos la obligación implícita de ser, por lo menos, lo que ustedes han sido.
Y así, nos jodieron la existencia. No porque no hayan obligado a ser doctores y demás, sino porque desde pequeños nos encaminaron a usar nuestra enorme inteligencia (yo toda la vida escuché que era especial, muy inteligente, súper capaz, que podría conseguir lo que me propusiera, y que haría lo que quisiera), ser el mejor en clase (que no, porque en nuestras escuelas no había calificaciones, pero justo por eso la competencia era más fuerte, había que pelear una entelequia), el más guapo/a, el que tiene las mejores relaciones sociales... el mejor, así de fácil.

Y no, no pasó. No quiero hablar sobre la vida de mi hermano, porque sería una grosería que yo decidiera qué es lo que él quiere, y juzgara si lo ha conseguido o no. Hablaré de la mía. Mi vida no es lo que debería ser, ni siquiera está cerca. Sé que no soy tonta, inclusive que soy inteligente, lo sé (qué tanto, no podría decirlo, me parece que es completamente subjetiva la manera de medirlo, así que ni lo pongamos a cuento), también sé que tengo una gran capacidad para usar el lenguaje (hay quien dice que a mi beneficio, pero ¿no sería medio pendeja si usara el lenguaje en mi contra y a beneficio de alguien más? ... ), soy súper organizada, ordenada, tengo una capacidad de aguante enferma (eso de tocar fondo como que no se lo manejo) que se equipara a mi capacidad de queja (porque una cosa es que aguante, y otra que me calle y sonría), y así sucesivamente; pero no sabía qué quería de mi vida. Esto es tan así, que ser feliz nunca había sido algo que me interesara, para mí con vivir sin sufrir demasiado era más que suficiente, la felicidad es tan efímera que perseguirla toda la vida es una pérdida de tiempo.

Siento que me desvié un poco, después de enunciar mis "virtudes" (ups, faltó la descripción física, pero ustedes como si la hubiera hecho) quería escribir que ninguna de estas cualidades me ha servido para ser yo, más bien, para encontrar quién soy y qué quiero. Porque una cosa es tener ciertas cualidades, pero de ahí a que estas te definan, yo digo que hay una distancia bastante grande. Y justo entre esos dos puntos estuve yo, mucho tiempo, con una opresión terrible y la sensación angustiante de que nunca haría nada de mi vida, que estar ahí, perdida, sería todo lo que yo podría tener. ¿Irónico, no? tantas cualidades que al final no servirían para nada, porque sería una pobre pendeja infeliz.

No contaremos todo el proceso de averiguación, porque eso a nadie la interesa. Lo importante aquí es que un día me di cuenta de que NO quería ser quien ellos querían: yo quería hacer lo que a mí me causa placer y me apasiona, y nada más. Así que, esta es quien yo soy:

Me gusta hablar, pensar, escribir, leer, pensar, hablar. Disfruto muchísimo coser, tejer, crear algo. Quiero ser dueña de mi vida y de mi tiempo, no estar sometida a reglas que no van conmigo, que no me gustan. Deseo ser psicoanalista. Pero tampoco quiero sólo trabajar, quiero tener tiempo todos y cada uno de mis días para leer, escribir, pensar, hablar, caminar, convivir con todas las personas que quiero (eso no todos los días, pero sí seguido), tejer, reír. No deseo grandes cantidades de dinero, ni una casota con muchos lujos y un coche acorde con mi falo. No, quiero disfrutar lo que hago, y quiere hacer lo que disfruto, no lo que debo hacer.

Y, aunque a ellos no les guste, para ser bien honesta:
ya no me importa.

miércoles, 5 de octubre de 2011

♪ Las nenas se ven mejor...♫

♪ Con zapatos de tacón,
las nenas se ven mejor
que con zapatos de piso. ♫

Amo esa canción, me pone de muy buen humor y bailo ♪ como ♫ duendecito ♫ feilz ♪. Claro, una razón por la que me gusta tanto esa canción es porque me gustan mucho los zapatos, sobre todo los de tacón.

He pensado muchas veces escribir este post, pero no lo había hecho porque no quería caer en las razones súper "oscuras" de por qué las mujeres compramos y compramos tantos zapatos. Podemos decirlo y acabar con esa parte incómoda: no importa que tan fea, guapa, gorda, flaca, alta, chaparra, tonta o lista, los zapatos se ven bien. (OJO: esto lo piensan quienes gustamos de compras zapatos, no todas las mujeres).

En mis buenos tiempos, solía comprar 2 o 3 pares de zapatos al año (tenis y botas incluidos) y era relativamente feliz. Relativamente, porque acá entre nos, por más que me gusten los zapatos, tengo unos pies difíciles (que no feos, porque yo opino que son hermosos, con los dedos chiquitos y bonitos), con el arco muy alto, levanto los dedos al caminar... básicamente, un problemón, porque si son sandalias, las tiras que están cerca de los dedos me lastiman; si son zapatos o botas cerrados, necesito que sean más grandes, porque no cabe mi empeine. Y así sucesivamente. Un relajo. Y no, no deserté de comprar zapatos cuando me dí cuenta de que esta era una hazaña difícil y compleja, todo lo contrario: compré más. Un día, y sólo porque estaban de oferta, compré 5 pares de zapatos (era una ganga, la verdad sea dicha). Fui muy pero muy feliz aunque tuviera su lado malo: regresé dos pares, otro me lastima, otros como que ya no me gustaron y, meses después, doné otro par para el vestuario de una de las obras. Al final, me quedé sin los 5 pares de zapatos.

Porque, claro, una cosa es que compre zapatos, y otra muy diferente es que me los ponga (como todas las pinches viejas, que tienen muchos más de los que podrían usar). Eso sí, una de mis compulsiones es limpiar/arreglar/reciclar/desechar, así que de vez en vez saco uno o dos de esos bellísimos zapatos que no uso porque: al final no me gustaron, me lastiman, no me quedan. Tanto dinero regalado...

Ahora, que ha cambiado la forma en que veo mi vida, decidí que tener mil pares de zapatos que no puedo usar de diario, es una estupidez. Prefiero tener dos o tres (bueno, tampoco tan pocos, tal vez con todo y botas, unos 15, pero nada más) que sean cómodos, con los que puedas caminar un par de cuadras sin sentir que la Inquisición te tortura, que se vean bien. Vamos, unos zapatos que sirvan, no que sólo luzcan.

Eso es una gran estupidez: los zapatos femeninos son para ponérselos y estarse sentadita, no para caminar. Y sí, una se ve bien guapa en unos zapatos de tacón [♪con zapatos de tacón se mueven, como programadas para coquetear ♪] hasta que caminas en las banquetas del D.F. y te tropiezas, o empiezas a caminar como pollo espinado porque te lastiman, etc. Es espantoso, pero ahí estamos, compre que compre zapatos con los que te verás bien, pero nada más.

Como parte de mi nueva cosmogonía, me pregunto por qué caemos en el consumismo y tenemos y tenemos y tenemos cosas, no tanto para usarlas, sino para simplemente tenerlas. Como el lunes que le dije a A*** que tenía muchísimas bolsitas, y que ya no sabía qué tanto hacer con ellas (porque tenerlas guardadas no es útil), así que me contestó que estaba padrísimo, así podía cambiarlas. Y sí, podría ser así, pero ahora ya no soy la reina de estar cambiando de bolsa a cada rato, de hecho me da muchísima flojera. ¿Cuál es el punto de cambiar y cambiar de bolsa? Que combine, sí, pero eso está bien cuando sales y la traes colgando, porque cuando, como yo, llegas al trabajo y la metes al cajón, ni siquiera importa si traes bolsa coqueta y combinable o una bolsa de plástico. Y, ahí surge otra pregunta ¿por qué quieres que se vea? Es decir, ¿qué tiene de interesante la bolsa? Sí sí sí, ahí guardamos todas las cosas importantes... pero, ¿en verdad son todas importantes? Porque yo traigo mil cosas en la bolsa "por si acaso", pero eso no quiere decir que resulten útiles (por ejemplo, el costurero y las curitas han mostrado en repetidas ocasiones su utilidad), o que algún día, siquiera, las vayas a usar.

Me parece que esto sería motivo de otro post: las bolsas y el misterio que encierran... pero como aquí estamos hablando de los zapatos, más nos vale regresar a ellos.

Entonces, los zapatos, qué cosa... tantas opciones, y todas tan bonitas, y aún así, tan incómodas... ¿por qué son tan incómodos? ¿alguien sabe? A mí, por el tipo de pie que tengo, me acomodan mejor los zapatos con tacón de 7 a 10 cm. (menos me lastiman, y más, a nadie le acomodan), pero es difícil encontrar algunos que sean cómodos, que tengan buena suela (porque si te resbalas, es una cosa espantosa), un tacón ancho para que el pie esté bien apoyado... vamos, que mis zapatos favoritos son los que no existen...

martes, 4 de octubre de 2011

Lo damos por hecho

Ayer recibí un correo de F***, un amigo que conocí hace 12 años, y con quien he tenido una relación extraña (a veces muy cercana, otras lejana), pero a quien quiero y aprecio muchísimo. Decía que justo ayer me envió un correo, y me conmovió hasta la médula, me pareció uno de los correos (cartas, mensajes, palabras) más hermosas que alguien pueda escribir, y no porque fuera romántico (todo lo contrario), sino porque era honesta, porque a veces damos por hecho que el otro sabe lo mucho que lo queremos y nunca se lo decimos, como si las palabras de cariño, respeto, admiración, amor, fueran exclusivas para la pareja; así que vamos sin decirle a los amigos lo mucho que significan para nosotros, lo maravillosos que son, inclusive lo guapos y sensuales que puedan ser (sin sentir miedo de que pueda tomarlo como una propuesta). Palabras que expresan lo que esa persona y la amistad significan para nosotros, pero también lo que él (o ella) es en sí mismo, independientemente de qué recibes tú.

¿Por qué si decimos que los amigos son importantísimos y demás, nunca se los decimos? Vamos por la vida dando por hecho que la amistad durará, que ésa persona ya lo sabe y que no es necesario decirlo (o que sería cursi hacerlo) y, a veces, algo pasa y no vuelves a verlos (por decisión, muerte, lo que sea) y te quedas así, sabiendo que él/ella ya no está, y tú no le dijiste que era importante...

Pasan muchas cosas que no podemos preveer, y se nos olvida decirle a quien queremos eso: que los queremos.

Yo, tan hacendosa...

Ayer comí con A*** (en el trabajo) y, como siempre que estamos solas [es decir, ella y yo, porque E*** es más mi amiga (tendría que contarles por qué A*** no me "quiere", pero eso en otro post)], la conversación se ve ligeramente forzada. Así las cosas, ayer platicamos de mi fin de semana, y que si hice no se qué, que si cambié mi bolsita/lonchera, que si la cosí, y ahí vino el comentario: Ay, Ari, qué impresión que seas tan hacendosa, yo nada más no, ni me gusta ni se me antoja ni nada, y tú, todo el tiempo hace que hace cosas.

Y sí, puedo decir que tengo muchos hobbies y gustos, pero a mí, ESO es lo que me parece normal u orgánico. Sé que no fui educada como el resto de las mujeres u hombres de mi generación, que tal vez pasar tanto tiempo con mi abuela me predispuso más a realizar actividades propias de una mujer de su edad (la de mi abuela), que de la mía. Sí, tal vez. Pero creo que eso no es lo importante. Ayer que lo platicaba con A***, le comenté que a mí me parecía importante tener hobbies, que nos guste realizar o hacer cosas solos (o acompañados), algo que implique, en cierta forma, dedicar nuestro tiempo a nosotros mismos, disfrutar de nuestra compañía (esto no lo dije, porque podía haberlo tomado como una agresión, pero lo pensé). Y eso es justo lo que pienso, que uno pasa todo el tiempo con los demás, gastas dinero, tiempo, sales, vienes vas, y todo por estar con alguien más, pero cuando se trata de estar solos, la gente suele decir "es que yo quiero descansar, no quiero tejer o bordar", como si sólo pudiéramos hacer algo si estamos acompañados, y que el tiempo solos es exclusivamente para descansar, dormir, acicalarnos, vaya, para estar con el otro mejor.

¿Triste, no? ¿Por qué nos han educado a querer estar siempre con alguien, que la compañía es indispensable, que sin ella no existimos? Tampoco quiero decir que deberíamos ser ermitaños, porque somos y seremos siempre seres sociales, PERO, eso no significa que debemos olvidarnos, no no no. Como en una película que vi (no importa cuál), en la que la esposa se separa del marido porque éste quiere tiempo para él, y lo cacha en una mentira (le dijo que iba a trabajar, y en realidad está con los amigos jugando). ¿No es impresionante? Como quieres tiempo para tí, estás mal. Y lo peor es que esto pasa mucho en las parejas, en las familias, uno no puede simplemente decir: quiero estar solo, porque eso significa que no quieres estar con ellos, y no, lo único que significa es que quieres, en ese momento, estar contigo, darte a tí, acompañarte.

Qué cosas, y yo me vuelvo repetititva.

lunes, 3 de octubre de 2011

Múltiples ¿personalidades?

A veces siento que tengo varias personalidades, no porque esté loca (que cuando siento que lo estoy, no es porque crea que tengo varias personalidades, no no, que en esas ocasiones sólo tengo una y ése es el problema... ji ji ji), sino porque siento que las diferentes facetas que presento en los diferentes ámbitos de mi vida, a veces ni se parecen. Y tampoco es porque me guste hacerle creer a la gente que soy otra cosa.

No, el problema es, por ejemplo, en el trabajo, que uno tiene que comportarse ahí como se "espera" que te comportes, no como realmente eres. Sobre todo en un trabajo como el mío (asistente). Y a mí, esto, muchas veces me fastidia, porque me hace sentir alienada de todos los que me rodean. La parte más extraña es que mientras más me meto en este personaje, más me gusta quién soy. Sí, claro, ser quien soy también me ha alienado de los demás, pero la gran ventaja de esta personalidad (la real, o auténtica) es que estar conmigo me gusta y mucho, así que tampoco la paso mal en mi soledad.

El punto del asunto aquí es que vamos por la vida presentado diferentes facetas, dependiendo de la persona o situación con/en la que nos econtremos, y a veces se nos olvida quiénes somos (que es, finalmente, que somos todos esos), o quiénes queremos ser. Tuve una amiga, muy muy querida, con la que yo era una persona diferente, más bien, extrapolada de quien soy, era muy agresiva, más escandalosa, cabrona, juiciosa, agria; y, cuando llegaba a mi casa, me sentía incómoda por muchas cosas que había hecho. Algo así como cuando te levantas súper crudo y te avergüenzas de lo que hiciste el día anterior en la borrachera (yo soy de la idea de que uno dice siempre lo que piensa, consciente o no, y que por eso tampoco puedo decir cosas que no sentía o pensaba, el problema es el momento o discurso que escoges para hacerlo, en este caso, la borrachera). O, podría decir también, como si saliera la peor versión de mí misma. Eso no me gustaba, por mucho que esta amiga fuera súper linda conmigo y demás, la persona que yo era cuando estábamos juntas, no me gustaba.

Ahora, en el trabajo, me pasa más o menos lo mismo. Resulta que no pude decir (porque así funciona el mundo empresarial) la verdad de lo que quiero en la vida, o de quién soy, y esto es algo que uno debe seguir, no puedes de repente echarte para atrás y decirle al jefe o a tus compañeros que lo que les has dicho este medio año es una mentira, y que tú en realidad eres OTRA. No, así no funciona, cuando uno se pone un personaje, debe llevarlo hasta el final, con todo y sus consecuencias. Y sí, así es mucho mejor, por lo menos todavía tengo trabajo. Lo que no tengo, es un vínculo con nadie, un vínculo real; sí platico del día a día, pero también he aprendido a quitar de las conversaciones todas las acotaciones o afirmaciones que podrían resultar comprometedoras o incongruentes con la versión oficial, así que medio cuento, medio me comparto, y callo mucho.

Eso, el problema es que callo mucho, y que esto que vivo resulta incompatible con quien soy. Y no es tanto el personaje con el jefe, que ese no me queda de otra, porque él es el jefe y yo debo, en cierta medida, ser quien él espera que sea (por lo menos si quiero seguir trabajando), el problema es con los demás, con los compañeros. Con todos ellos debo callar mi molestia e incomodidad ante su ignorancia, racismo y discrimianción latente, sus modales (por si tienen dudas), también callo mis gustos, mi cosmogonía, mis decisiones de erradicar el consumismo... quién soy yo y qué quiero de la vida, quién es mi novio... todo, callo lo importante.

Ajajá, ahora que lo estoy escribiendo suena a que me contradigo, porque sé que debo ser y escojo ser de esta manera, pero al mismo tiempo me molesta serlo... contradicciones sin duda. Y, pensándolo, me parce que en realidad lo que me molesta es que esta personalidad me hace "compatible" con ciertas personas que violentan, con su pensar y decir, lo más esencial de mi ser. Me siento como alguien que debe negar su religión para poder tener un trabajo, o sus costumbres, o principios... perdida, y sin saber qué hacer, porque tampoco puede uno pintar rayas con gente del trabajo, es un riesgo muy grande.

Curiosamente, y como nota curiosa, creo que mi jefe ha sido capaz de dilusidar que esta personalidad del trabajo no es la verdadera o dominante, y le causa desconfianza porque no sabe qué hay detrás... Lo que no sabe, seguro, es que si conociera la verdadera personalidad, le daría aún más desconfianza. Tanta, que tal vez la única solución sea despedirme... qué complejo resulta trabajar.